PRESENTACION SEMINARIO: “LOS DESAFIOS DE UNA SOCIEDAD QUE PROTEGE LOS VINCULOS TEMPRANOS”

 

“Cuando una mujer de cierta tribu de África

descubre que está embarazada, se va a la selva con otras mujeres

y juntas rezan y meditan hasta que aparece la “canción de la nueva criatura”.

Cuando nace el bebé, la comunidad se junta

y le cantan su canción.

Luego, cuando el niño comienza su educación,

el pueblo se junta y le cantan su canción.

Cuando se convierte en adulto, la gente se junta nuevamente y canta.

Cuando llega el momento de su casamiento, la persona escucha su canción.

Finalmente, cuando su alma está por irse de este mundo,

la familia y los amigos se aproximan y,

al igual que en su nacimiento,

cantan su canción para acompañarlo en el “viaje”.

 

Fragmento del Poema “Canción de las Personas” de la poetisa africana Tolba Phanem.

De este modo se vivía la maternidad y la crianza en otras épocas de nuestra historia humana, y aún hoy, en algunas culturas originarias…

El nacimiento y el cuidado de los niños eran tareas y responsabilidades de la comunidad entera, no sólo de los padres. Todos cooperaban de distintas formas: unos ayudando a la madre en el parto; otros, en los quehaceres domésticos; otros, trayendo el alimento.

Además, vivíamos en un contacto más directo y profundo con la naturaleza, y también con nuestra propia naturaleza humana y animal; respetando los procesos y ritmos naturales, usando nuestro instinto (o intuición) y favoreciendo el contacto piel a piel,  alma a alma.

También teníamos más tiempo, estábamos más cerca, nos complicábamos menos; las madres solían estar con sus hijos todo el tiempo, los acarreaban de un lado para otro, los amamantaban cuándo y cuánto querían, y los padres les enseñaban todo lo que sabían, los llevaban a cazar con ellos, los preparaban para la vida.

Hoy en día, las cosas son muy distintas:

En primer lugar, los padres estamos bastante solos, con nuestras dudas, nuestros temores, nuestros errores… pero también, con nuestra tremenda necesidad y ganas de hacer lo mejor posible por nuestros hijos. Si tenemos suerte, tenemos a los abuelos y a alguna tía cercana, quienes nos dan una mano y nos aconsejan… pero, sino, sólo queda recurrir a algunos profesionales que, a veces con distancia y desconocimiento de nuestro mundo íntimo, nos intentan dar “indicaciones”, muchas veces muy difíciles o poco pertinentes a nuestra realidad.

También, sabemos cuánto nos hemos alejado de nuestras raíces naturales: desde el momento en que estamos gestando, nos llenamos de información racional, de consejos tan bien intencionados como diversos; nos ponemos bajo “control” médico, nos llenamos de exámenes, pastillas, lociones, artículos para bebé… y para qué hablar del momento del parto: nos amarran a una camilla, nos miden hasta los suspiros y, a veces, hasta nos agreden. En definitiva, nos preocupamos tanto de saber, hacer y tener, que quizás olvidamos ser, sentir y amar.

Luego, cuando llega el ansiado bebé, ahí sí que el bombardeo es total: todo el mundo opina, todo el mundo sabe qué hacer para que el niño deje de llorar, para que se amamante, para que duerma, etc… “que llore para que no sea  tan mamón”, “que duerma solo desde que nace”, “que no se acostumbre a los brazos”, etc., etc., etc.… y los padres, que muchas veces sabemos, o intuimos, qué es lo mejor para nuestro hijo, nos confundimos, nos desorientamos y nos alejamos de nuestra verdadera naturaleza, que casi siempre es amar y cuidar a nuestro hijo de la mejor manera.

Y por último, el gran problema de nuestra época… ¡la agobiante falta de tiempo!… La excesiva competitividad, el exitismo, la implacable necesidad de ser cada vez más productivos, calificados, competentes… nos quita lo más valioso que tenemos como humanidad: nuestra capacidad para relacionarnos, nuestra capacidad para conocernos, ponernos de acuerdo, colaborar, cuidarnos y querernos unos con otros; habilidades todas, sin las cuales ni siquiera hubiésemos sobrevivido como especie en el pasado.

Si bien Chile, hace unos meses atrás, dio un pequeño pero importante paso en vías de reivindicar la labor de la crianza, con la extensión del permiso Postnatal para algunas familias de nuestro país, aún queda muchísimo por avanzar, en términos de sensibilizar, crear conciencia y generar compromiso de parte de todos los involucrados en el tema:

Que los empleadores entiendan, acepten y no discriminen a las mujeres-madres o futuras madres; que las empresas comprendan los beneficios de desarrollar políticas que permitan integrar el trabajo con la vida familiar; que a las mujeres de hoy no nos avergüence el optar por quedarnos en casa, por amamantar largo tiempo, por posponer nuestras “carreras” en virtud de los hijos; que los establecimientos educativos y los educadores entiendan que su labor es educar, y no cuidar niños la mayor cantidad de tiempo para que los padres puedan trabajar y producir más; que los gobiernos asuman que la labor educativa es una de las más valiosas, pero una de las más mal pagadas; que las familias comprendan la importancia de estar más juntos, de compartir más tiempo y de criar a sus hijos con la dedicación y el esfuerzo que eso requiere.

Creo firmemente, que la forma como tratamos a nuestros niños, es un reflejo del tipo de sociedad que estamos construyendo, y por ende, el cuidado y la crianza de ellos, al igual que la Educación, debe tener que ver con lo que queremos ser como país y de lo que queremos para nuestro mundo.

Ps. Denise Astete J.

Directora Centro Anidar